Los bajos niveles de los ríos europeos añaden un nuevo riesgo a la cadena de suministro
Las cadenas de suministro europeas vuelven a enfrentarse a una realidad cada vez más difícil de ignorar. Mientras las empresas analizan la evolución de las tensiones geopolíticas internacionales y el impacto que una nueva alteración del tráfico marítimo podría tener sobre rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz, otro problema se desarrolla dentro de Europa.
Los bajos niveles de agua están afectando a algunos de sus principales corredores fluviales.
El Rin y el Danubio, dos arterias fundamentales para el transporte de mercancías en Europa, atraviesan una situación de bajos niveles de agua que limita la capacidad de navegación y aumenta la presión sobre el movimiento de productos energéticos, materias primas y mercancías industriales.
El problema pone sobre la mesa una cuestión que cualquier empresa con una cadena de suministro internacional debería plantearse: ¿qué ocurre cuando varios riesgos logísticos coinciden al mismo tiempo?
¿Por qué los bajos niveles del Rin preocupan al sector logístico europeo?
El Rin es una de las principales arterias comerciales e industriales de Europa. A través de este corredor se transportan materias primas, minerales, carbón, productos químicos, combustibles y otras mercancías esenciales para la industria, conectando importantes centros económicos europeos con grandes puertos del norte del continente.
Cuando disminuye el nivel del agua, las embarcaciones no necesariamente dejan de navegar de inmediato. Sin embargo, pueden verse obligadas a reducir considerablemente su carga para disminuir su calado y poder continuar operando, y este es precisamente uno de los principales problemas que está generando la situación actual.
En determinados tramos del Rin, las restricciones derivadas del bajo nivel del agua han obligado a operar con embarcaciones parcialmente cargadas. Según informaciones publicadas esta semana, en algunos puntos especialmente sensibles las capacidades de carga se han reducido de forma muy significativa, lo que obliga a repartir una misma mercancía entre más embarcaciones y aumenta, consecuentemente, el transit time y los costes de transporte.
¿Cómo afectan los bajos niveles del Rin al coste del transporte?
Al no poder utilizar toda su capacidad, las embarcaciones necesitan realizar más movimientos para transportar el mismo volumen de mercancía. A ello pueden añadirse:
- Recargos por bajo nivel del agua
- Mayor demanda de capacidad alternativa
- Necesidad de recurrir al transporte por carretera o ferrocarril
- Posibles incrementos de los tiempos de tránsito
- Presión adicional sobre otros modos de transporte.
Para las empresas, esto significa que una alteración climática aparentemente localizada puede terminar repercutiendo directamente en el coste total de su cadena de suministro.
El Danubio, otra arteria estratégica para el transporte europeo
El problema no se limita al Rin. El Danubio forma parte de uno de los principales corredores de transporte del continente y conecta numerosos mercados de Europa central y oriental.
El corredor Rin-Danubio constituye uno de los grandes ejes este-oeste de la red europea de transporte y atraviesa o conecta países como Alemania, Austria, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Croacia, Rumanía y Bulgaria.
La importancia logística de ambos sistemas fluviales explica por qué las condiciones de navegación pueden tener consecuencias mucho más amplias que el propio transporte por río.
Un problema en un corredor fluvial puede trasladarse progresivamente a:
- Carretera. Al aumentar la demanda de transporte alternativo.
- Ferrocarril. Por la necesidad de absorber mercancías que inicialmente debían circular por vía fluvial.
- Puertos. Ante posibles dificultades para evacuar mercancías hacia el interior del continente.
- Industria. Si materias primas o componentes críticos no llegan al ritmo previsto.
- Energía. Cuando las restricciones afectan al transporte de combustibles o productos energéticos.
Lo que comienza como un problema de navegabilidad puede convertirse, por tanto, en un problema de capacidad logística global.
El riesgo está en la acumulación de disrupciones
Desde el punto de vista de la cadena de suministro, quizá el elemento más relevante de la situación actual no sea únicamente el nivel de los ríos, sino el contexto en el que se produce.
Europa continúa expuesta a un escenario geopolítico volátil en el que cualquier alteración de las grandes rutas marítimas internacionales puede afectar al precio de la energía, los tiempos de tránsito y el coste del transporte.
El estrecho de Ormuz continúa siendo un punto estratégico para los flujos energéticos mundiales. Al mismo tiempo, la logística interior europea necesita que corredores como el Rin o el Danubio puedan absorber eficazmente el movimiento de mercancías que llega a los grandes puertos del continente.
La coincidencia de restricciones en distintos puntos de la cadena puede generar lo que podríamos definir como un riesgo logístico en cascada.
Una mercancía puede superar correctamente su transporte marítimo y llegar al puerto de destino, pero encontrar dificultades posteriormente para continuar su recorrido.
O una empresa puede haber diseñado una ruta alternativa frente a una crisis geopolítica y descubrir que esa alternativa se encuentra también condicionada por problemas de capacidad, congestión o climatología.
Por eso, en la logística internacional actual, tener una ruta no siempre es suficiente. Es necesario tener alternativas.
El cambio climático también es un riesgo logístico
Durante años, sostenibilidad y logística han estado relacionadas principalmente a través de conceptos como la reducción de emisiones o la eficiencia energética.
Pero existe otra dimensión que está adquiriendo cada vez mayor importancia y es cómo los fenómenos climáticos afectan directamente a la operativa logística.
Las sequías y los bajos niveles de agua pueden limitar la navegación interior; las inundaciones pueden interrumpir infraestructuras terrestres y ferroviarias; y los fenómenos meteorológicos extremos pueden afectar a puertos, aeropuertos y centros logísticos.
Por tanto, la resiliencia climática empieza a formar parte también de la planificación de la cadena de suministro.
Una cadena de suministro resiliente necesita anticipación
Los bajos niveles del Rin y el Danubio vuelven a demostrar que una cadena de suministro internacional puede verse afectada por factores muy diferentes y, cada vez con mayor frecuencia, simultáneos.
La verdadera dificultad consiste en estar preparado cuando varios de esos riesgos se producen al mismo tiempo.
En APR trabajamos junto a nuestros clientes para gestionar sus operaciones internacionales desde una visión integral, coordinando transporte, aduanas y comercio internacional y analizando las alternativas disponibles cuando una ruta o una operativa deja de funcionar como estaba previsto.
Porque en un escenario logístico cada vez más complejo, la resiliencia consiste en haber pensado y planeado la alternativa antes de necesitarla.
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